La tumba real de Amarna, TA26

Akhenaton fundó la ciudad de sus sueños en una llanura hasta entonces deshabitada junto al Nilo, a medio camino entre Menfis y Tebas. Este lugar se conoce actualmente como Tell el-Amarna –debido a la proximidad de la aldea de igual nombre–, pero fue conocido en la antigüedad como Akhetatón.

Se cree que la elección de este inhóspito lugar se debe a la visión que tuvo el faraón del sol alzándose entre dos riscos separados por un valle, igual que el jeroglífico que representa el horizonte. Fue así como Akhenaton dio vida a su ‘Horizonte de Atón’.

Precisamente en Wadi Abu Hash el-Bahri, el agreste valle que separa las colinas donde se encuentran las tumbas septentrionales y las meridionales, a unos seis kilómetros de la boca del valle y a más de once kilómetros de la llanura donde se ubicaba la ciudad, se halla la tumba catalogada como TA26, la tumba real de Amarna. Debido a la distancia y dificultad del camino, y principalmente para evitar su mayor deterioro, la tumba se encuentra cerrada al público. No obstante, con mucha suerte y algún contacto en la oficina de turismo de El-Till es posible organizar la visita.

Descubrimiento

Los primeros arqueólogos y expedicionarios que llegaron a Amarna a principios del siglo XIX buscaron en vano la última morada del faraón Akhenaton entre las tumbas privadas. Mejor suerte tuvieron los buscadores de tesoros que encontraron la tumba real a principios de 1880. Poco después circulaban en el mercado negro de antigüedades algunas piezas extraídas de la tumba. W.J. Loftie, un clérigo inglés entusiasta de las antigüedades adquirió varias piezas de oro, incluido un anillo con el cartucho de la reina Nefertiti, que pueden admirarse hoy en el Real Museo Escocés de Edimburgo.

Tras varios años de secreto expolio, los lugareños, convencidos de que no quedaba nada de valor dentro de la tumba, revelaron en 1891 su localización a Alessandro Barsanti, ingeniero de la misión que estaba trabajando en las tumbas meridionales. Cuando Barsanti llegó a la tumba encontró que había sido saqueada y que no quedaba ni rastro de la momia de su propietario, además del muy mal estado de conservación. La roca caliza en que fue tallada es de mala calidad, y los escultores se vieron obligados a recubrir las paredes con capas de yeso enlucido para poder trabajar con mayor detalle. Howard Carter, por aquel entonces dibujante oficial de la Egypt Exploration Fund visitó la tumba en 1892 y copió algunas de las escenas representadas.

Con el tiempo gran parte del enlucido se ha perdido, hasta tal punto que los dibujos originales en el característico estilo amarniense no son hoy más que discretos trazos. Por lo menos, gracias al trabajo epigráfico del equipo de Barsanti –aunque realmente más que de facsímiles se trata de esquemáticos esbozos carentes de detalle– podemos hacernos una idea del aspecto de la tumba en el momento de su descubrimiento oficial, cuando ya había sido pasto de los martillos y cinceles de iconoclastas, buscadores de antigüedades y esporádicas lluvias torrenciales que inundaron la tumba.

Exterior de la TA26

Wadi Abu Hasah el-Bahri, también conocido como Valle Real, es un lugar solitario, árido, salvaje y sin rastro alguno de vegetación, pero de impresionante belleza. De vez en cuando tienen lugar fuertes lluvias en la zona que ocasionan grandes torrentes de agua arrastrando sedimentos y todo tipo de material arqueológico por el valle hasta más allá de su desembocadura. Por este motivo en el año 2004 se cubrió la entrada a la tumba con una moderna estructura, para evitar así nuevas inundaciones.

Interior de la TA26

La tumba se encuentra en la ladera oeste del valle orientada hacia la salida del sol, íntimamente ligada con Atón, eje principal de la filosofía de Amarna. Su trazado y decoración difieren mucho de las tumbas de reyes anteriores de la misma dinastía XVIII en el Valle de los Reyes, y presenta novedades arquitectónicas que serán incorporadas al diseño de posteriores tumbas.

La entrada

La entrada a nivel de suelo conduce por un eje recto descendente hasta una cámara funeraria inacabada. Tras un primer tramo exterior de escaleras con rampa en el medio (A) para facilitar el descenso del sarcófago, llegamos a un inmenso corredor (B) de más de 3 metros de alto y ancho y 28 de longitud que penetra en la montaña. Actualmente el suelo está cubierto con tarimas de madera que facilitan el acceso de los turistas y al mismo tiempo protegen el suelo original del desgaste. El corredor termina en un segundo tramo de escaleras (C) que va a parar a un pozo (D).

Estudiosos como Geoffrey T. Martin y Mark Lehner han sugerido que este cambio en el trazado del eje principal de la tumba (en las tumbas anteriores el corredor hacía un brusco giro de 90º) no es sólo arquitectónico, sino que se ha inspirado también en el cambio teológico de la época. El eje que va desde la entrada hasta la cámara funeraria donde se deposita el sarcófago del rey es totalmente recto y orientado al este. De esta manera, y gracias a una inclinación de 16º en el corredor, al amanecer los rayos del sol penetrarían directamente en la cámara funeraria iluminando el sarcófago, dando la vida al difunto. Según la filosofía atoniana implantada por Akhenaton esto tendría sentido, y es posible que fuera deseo del rey unirse al sol que adoraba, pero tenemos varios factores en contra que ponen en tela de juicio la viabilidad de esta hipótesis: 1º, el sarcófago no estaba en el centro de la cámara, sino desplazado hacia un lado, de modo que los rayos del sol no podrían alcanzarlo, y 2º, una vez depositado el sarcófago en su lugar, la tumba quedaba cerrada para siempre sin posibilidad alguna de que la luz solar penetrara en ella.

El pozo

El pozo no es tan profundo como suele ser en otras tumbas –sólo tiene unos 3’5 metros de profundidad–, pero sí es más amplio. Sus paredes fueron recubiertas con una capa de enlucido y después decoradas. Además de protección contra ladrones e inundaciones, los relieves e inscripciones añaden en este caso una función simbólica al pozo. Lamentablemente, actualmente poco queda de estos relieves, únicamente fragmentos de dos preciosos adornos florales en la parte superior, pero hay constancia de que había escenas en las que la pareja real –Akhenaton y Nefertiti– aparecen adorando al disco solar Atón en presencia de su hija mayor, Meritaton.

La Cámara funeraria

Tras el pozo nos encontramos con la cámara funeraria (E). Se trata de una imponente habitación cuadrada con paredes de 10’5 metros de longitud y 3’5 de altura. Llama la atención la irregularidad del suelo, pues hay una zona de 33 cm más elevada que la otra. En la zona del plinto se alzan dos columnas rectangulares talladas en la piedra, que estarían en eje si no se hubieran suprimido otras dos columnas simétricas a éstas que debían encontrarse en la zona más rebajada de la cámara, allí donde se colocó el sarcófago del rey. Al fondo de la sala, en el muro derecho hay una apertura de una puerta a otra cámara (F), pero por motivos desconocidos los canteros no avanzaron demasiado en su trabajo y está inconclusa.

La cámara funeraria estuvo decorada con escenas del entierro del rey con soldados, altos oficiales y plañideras dando el último adiós a su rey, así como escenas del mobiliario del ajuar funerario y otras que muestran a la familia real en adoración a Atón, todas ellas hoy apenas apreciables, que fueron casi enteramente destruidas poco tiempo después del enterramiento del rey. La decoración de la parte de los muros más cercana al techo corrió mejor suerte y se pueden reconocer –aunque en estado más que frágil– cartuchos con los nombres de Atón, Akhenaton y Nefertiti. Esta última debió desempeñar un papel litúrgico muy importante en las ceremonias de enterramiento de su esposo, el rey, como se puede deducir por el abundante número de cartuchos con su nombre en esta cámara.

Hay datos suficientes para pensar que Akhenaton fue enterrado en la TA26. La cámara funeraria fue sellada tras las exequias del rey con bloques de caliza que se encontraron como material de relleno del pozo, posiblemente para poder desalojar con mayor facilidad el contenido de la cámara –bien los ladrones o Tutankhamon cuando trasladó el cuerpo del rey a un nuevo enterramiento en el Valle de los Reyes en Tebas. Restos del sarcófago del rey esparcidos por toda la cámara parecen confirmar la persecución que sufrió Akhenaton después de muerto.

El eje anexo

Si volvemos nuestros pasos atrás por el corredor principal, nos encontramos con más cámaras añadidas que no formaban parte del diseño original de la tumba. A medio camino de la entrada en el corredor descendente, encontramos un eje anexo inacabado, que por sus dimensiones y aspecto bien parece otra tumba real. Se compone de tres pasajes continuos en meandro que se abren a tres habitaciones en pendiente, todas ellas inacabadas y sin decorar. Comenzando por un pasillo (1) pasamos a una estrecha sala (2) donde parece que los constructores se encontraron con un accidente del terreno que no pudieron salvar, obligándoles a rodearlo (3) y dar a este eje su peculiar forma en meandro. Tras una antesala con banquetas a los lados (4) se llega a la cámara funeraria (5), ya que la última sala (6) está inconclusa.

Dada la existencia de inscripciones que nos indiquen el nombre del propietario, los expertos no se ponen de acuerdo en este asunto. Mientras unos dan a esta “tumba real dentro de una tumba real” la misión de albergar los restos de la reina Nefertiti, otros creen que Akhenaton planeaba trasladar los restos de su padre Amenhotep III desde su tumba del Valle de los Reyes, y otros apuestan por un enterramiento de alguna hija de la pareja real, la madre del rey, Tiy, e incluso alguna consorte real. Justo frente a este eje, en el muro opuesto hay una pequeña abertura –quizás un intento de construir nuevas cámaras para albergar a más miembros de la familia real– que nunca llegó a culminarse.

Las cámaras alpha, beta y gamma

Justo antes del segundo tramo de escaleras, en el muro derecho del corredor se halla otro conjunto de tres cámaras bautizadas como alpha, beta y gamma. Este es el lugar de la TA26 donde más relieves e inscripciones hay; dos de las tres cámaras están decoradas, pero debido al mal estado de conservación y la presencia de importantes lagunas en las escenas, así como a la falta de detalles en los dibujos realizados por Urbain Bouriant en 1894, se ha perdido una cantidad de datos inestimable para dar respuesta a los problemas que estas salas plantean.

La cámara alpha es una sala cuadrada con paredes de 5’5 metros de longitud y 3 metros de altura. Todas las paredes fueron decoradas con relieves toscamente tallados en la roca, pero allí donde las manos del escultor abandonaron el trabajo, los relieves están cubiertos con una capa de enlucido trabajada con mayor exquisitez y modelada. Aunque el yeso no ha perdurado hasta nuestros días, todavía se pueden distinguir restos de color en aquellos lugares donde éste era más intenso.

Siguiendo las escenas en sentido horario podemos observar varias escenas de distinta índole: (a) Siete registros de enviados extranjeros alzando sus brazos en actitud de adoración a Atón. (b) Una gran escena que muestra a la pareja real con cinco de sus hijas –Meritaton, Meketaton, Ankhesenpaaton, Nefernefruaton Ta-Sherit y Nefernefrura– haciendo ofrendas en el templo mientras Atón se pone por el oeste. El siguiente muro se interrumpe en puertas, pero en la primera parte (c) podemos observar nueve registros de soldados y carros con la particularidad de que algunos caballos están representados con la cabeza de frente –muy raro en el arte egipcio. En la siguiente escena (d), siete registros de soldados –algunos de origen extranjero– adoran a Atón. El muro adyacente presenta una larga escena (e) en la que la familia real está de nuevo en el templo adorando a Atón mientras éste sale por el horizonte. Sirvientes y carros esperan en el exterior a que los adoradores salgan del templo con su escolta militar. A la izquierda del Atón, detrás del templo, algunos pájaros y animales disfrutan de los rayos del sol.

El muro con la puerta que da al corredor principal tiene en su lado izquierdo la escena más importante y misteriosa de esta cámara (f). Se trata de una imagen en dos registros que muestra al rey y la reina llorando la muerte de una mujer –reina o princesa– que yace tumbada en una especie de catafalco. La pena y dolor de la pareja se hace patente en estas escenas únicas en su género, sin precedentes en el arte egipcio. En el registro superior los rayos de Atón entran en la habitación de palacio donde se encuentran los reyes y el cuerpo de la difunta, pero en el registro inferior los rayos de Atón ya no aparecen, hecho que ha sido interpretado como la noche de vigilia. Fuera de la habitación, plañideras y cortesanos lloran, gimen y lanzan cenizas sobre sus cabezas en señal de duelo. Entre los cortesanos se puede distinguir por su vestimenta a un visir, detalle que indica la importancia de la fallecida. En el registro superior, entre los reyes y las plañideras se encuentran tres misteriosas figuras que salen de la estancia donde se encuentra la difunta. Se trata de una nodriza que lleva en brazos un niño de corta edad –quizás recién nacido– seguida de un portador del abanico, señal de que los personajes son de alto rango. Esta escena ha sido generalmente interpretada como el funeral de un miembro de la familia real durante el parto. Lamentablemente el texto sobre la fallecida desapareció en la antigüedad y desconocemos su identidad, la causa de su muerte y el nombre del recién nacido.

Algunas figuras de la cámara alpha han sido esculpidas otra vez en el nuevo estilo artístico de la época para mitigar detalles del estilo de los primeros años. Algo inexplicable en estos relieves es el mayor tamaño de la figura de Nefertiti comparada con la de Akhenaton en las escenas de duelo.

Una vez finalizada la decoración de esta cámara se tallaron cuatro hornacinas en la pared para contener las ‘tablillas mágicas’. Éstas estaban hechas de arcilla cocida y contenían inscripciones del capítulo 151 de El Libro de los Muertos, que se creía servían de protección para el difunto contra los intrusos.

Una doble puerta comunica las cámaras alpha y beta, elemento único en otras tumbas de Amarna o Tebas. Se desconoce la función de las dos puertas –de casi 2 metros de alto por 1 metro de ancho–, pudiendo tratarse de un simbolismo religioso o simplemente un recurso artístico.

La cámara beta está sin decorar, y aunque tiene restos de enlucido, nunca se acabó el trabajo. Sus paredes, techo y suelo son muy irregulares, llegando incluso a haber partes del suelo sin rebajar. Es posible que la irregularidad del terreno forzara a inclinar el trazado de esta cámara. Es la mayor de las tres cámaras de este conjunto, por eso se cree que en un principio estuvo destinada a cámara funeraria, pero nunca se concluyó. Con los datos que tenemos no es posible saber por qué se abandonó el trabajo en esta habitación y sin embargo se enlució y decoró la cámara gamma. Otra doble puerta conecta las cámaras beta y gamma, pera esta vez la situada al este no se acabó de tallar y presenta un escalón de unos 40 centímetros.

La cámara gamma es la más pequeña de las tres –3’5 metros de lado y 1’8 de alto– y en principio parece que estuvo concebida como almacén, pero finalmente fue preparada como cámara funeraria, aunque sin el típico plinto para el sarcófago. Tanto el suelo como el techo presentan un vasto trabajo, pero en cambio las paredes fueron finamente niveladas y rematadas con una capa de yeso de 1’3 milímetros de espesor sobre la cual se esculpieron las escenas. Siguiendo en sentido horario las imágenes muestran en primer lugar varias piezas de ajuar funerario como joyas, objetos de uso personal y jarras de vino (g). A continuación la principal escena de esta cámara recuerda a otra escena de la cámara alpha. Se trata de otra escena de duelo (h). En esta ocasión, aunque faltan fragmentos de la imagen, conocemos la identidad de la fallecida gracias a una nota de errata de Bouriant en la que traduce un texto no copiado en el dibujo como “la hija del rey, de su cuerpo, su amada Meketa[ton], nacida de la Gran [Esposa Real Nefertiti], quien viva para siempre y eternamente”. Nos encontramos por tanto ante una escena del velatorio por la segunda hija de la pareja real, Meketaton.

El duelo tiene lugar en una sala de palacio en la que se encuentra Meketaton tumbada sobre un camastro, sus padres y dos mujeres –en un principio identificadas por Bouriant como hermanas de la fallecida, pero más posiblemente damas de servicio, ya que sus ropas y edad no concuerdan con las de las princesas. Fuera de la estancia observamos tres registros. En el superior un séquito de plañideras y altos funcionarios (nuevamente aparece un visir) lamentan la muerte de la princesa. En el registro medio aparece una nodriza que lleva en brazos un bebé al que está amamantando, seguida de dos mujeres portando abanicos. El grupo sale de la estancia donde se vela a Meketaton. Junto al recién nacido hay dos columnas de texto que Bouriant no copió y han desaparecido casi por completo. Es una pena no saber la identidad de la criatura. La escena se interpreta como el velatorio por la princesa Meketaton, muerta posiblemente de parto, pero desconocemos la identidad de su hijo/a.

Los muros adyacentes son los mejor conservados de toda la tumba TA26. La imagen (i) muestra una escena de exterior –seguramente un jardín de palacio– donde está la princesa fallecida o más probablemente una estatua suya, de pie sobre un plinto con columnas adornado con flores de loto y enredaderas. Esta vez sí se ha conservado el texto con el nombre de la fallecida, que nos remite nuevamente a Meketaton. Nos encontramos ante otra escena sin precedentes. Geoffrey Martin ha sugerido que el lugar donde se encuentra Meketaton puede ser un ‘pabellón de nacimiento’ –el lugar donde acudían las mujeres de la familia real a dar a luz. Las plantas representadas parecen confirmarlo, pues es sabido que el loto simboliza la vida y la enredadera la fertilidad y maternidad. De ser cierta esta hipótesis, la estatua de Meketaton habría sido colocada en el mismo pabellón donde murió al dar a luz. Frente al pabellón Akhenaton, Nefertiti y tres de sus hermanas lamentan su muerte, al igual que diversos personajes de la corte, servidores y funcionarios. La escena continúa en el siguiente muro con más imágenes de nobles en actitud de duelo (j).

Barsanti encontró algunos restos en esta cámara que han resultado ser fragmentos de un sarcófago destinado a Meketaton.

De nuevo en el corredor principal y frente a la cámara alpha, se abre un hueco en la pared de la izquierda, similar al que se encuentra metros más arriba. Al igual que éste, no fue profundizado.

Una tumba familiar

Como hemos podido observar, la tumba TA26 fue concebida en un principio para una sola persona, el rey Akhenaton, pero debido a un cambio de pensamiento o varias muertes repentinas en la familia, se añadieron nuevas cámaras a la tumba para hacer las veces de enterramiento familiar. Todo parece indicar que Akhenaton fue enterrado en la cámara funeraria (E). Es posible que su madre fuera enterrada también en la misma sala y por ese motivo hubiese que hacer más espacio para un segundo sarcófago quitando los dos pilares que faltan en la cámara, o es posible también que su sarcófago fuese depositado en el primer eje anexo.

En la cámara gamma se preparó el enterramiento de Meketaton, segunda hija de los reyes, y no sabemos si alguien más fue enterrado en la cámara alpha. Se ha especulado mucho sobre este tema, siendo algunas de las candidatas otras hijas de la pareja real e incluso la concubina real Kiya. Nada sabemos de los restos mortales de ninguno de ellos, pues no han sido encontrados en la tumba.

En las inmediaciones de TA26 se encuentran otras tumbas (TA27-30) que por su tamaño y dimensiones parecen haber estado destinadas a miembros de la familia real. Algunas de ellas están inconclusas, todas carecen de decoración y están vacías. Parece que Akhenaton concibió el lugar como un nuevo Valle de los Reyes donde la tumba real actuaría como foco dador de vida, igual que Atón arroja sus rayos dadores de vida sobre la ciudad de Akhetatón.

Final de Amarna

Poco tiempo después de la muerte del rey, la tumba fue presa de sus detractores, que se afanaron en destruir sus imágenes, cartuchos con su nombre y, por qué no, incluso la momia del rey. Durante el reinado de Tutankhamon, la situación político-religiosa volvió a ser como antes de la herejía de Amarna, y se cree que los restos mortales de Akhenaton y Tiy fueron trasladados a una pequeña tumba en el Valle de los Reyes, la KV55. Por desgracia, esa tumba fue víctima de grandes inundaciones y el poco mobiliario y restos humanos prácticamente se han perdido, así que seguimos sin saber qué fue del rey Akhenaton y su familia.

El sueño de Amarna y sus máximos protagonistas se convirtieron en herejes. Parece que sus cuerpos no encontraron el reposo eterno que ansiaban, y se intentó por todos los medios borrar de la memoria su paso por la historia de Egipto. Se dañaron sus imágenes y nombres, se desmantelaron sus monumentos y se despreciaron los cambios introducidos por ellos. Pero en contra de lo que sus perseguidores y detractores pretendían, más de 3.000 años después siguen fascinando a expertos y curiosos. El sueño de Amarna sigue vivo.

Autor: Désirée Domínguez

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