Un paseo por la Gran Pirámide

No podía dejar pasar la ocasión de inaugurar esta sección de la revista titulada “Un paseo por…” sin hablar de la única de las siete maravillas del mundo antiguo que todavía sigue en pie: la Gran Pirámide de Gizah.

Ticket de entrada a la meseta de Gizah.
Ticket de entrada a la meseta de Gizah.

Se ha convertido en el icono por antonomasia del país de los faraones. De acuerdo con los libros de historia la Gran Pirámide fue construida por el faraón Keops en la dinastía IV, hacia el año 2500 a.C., como su última morada de eternidad. No deja de ser curioso que las dos únicas piezas que han llegado hasta nuestros días de este faraón sean una descomunal pirámide y una diminuta estatua.

Para unos es la conclusión lógica del camino en la arquitectura funeraria hasta llegar a la pirámide más perfecta de todas; para otros una obra de ingeniería imposible aún hoy en día. Unos creen que en su geometría se halla escrita toda la historia de la Humanidad; otros que es como un gigantesco orbe de conocimientos. Unos ven en ella la tumba del más ególatra y tirano de los soberanos, otros un monumento legado por una civilización anterior a todas las conocidas. Algunos ven a miles de esclavos trabajando a golpe de látigo y otros creen ver mano de obra extraterrestre. Se ha dicho de ella que es una tumba, una gran central energética, una reproducción a escala de la Tierra, un observatorio celeste, una Biblia escrita en piedra…

Millones de personas de todos los rincones del mundo han viajado hasta Egipto para contemplarla de cerca: viajeros, curiosos, peregrinos, sabios, místicos, aventureros… Quienes la visiten se harán fotografías ante ella y recorrerán su interior. Unos saldrán impresionados y otros decepcionados, pero pocos dejarán pasar la ocasión de penetrar en este monumento que tanto ha dado y seguirá dando que hablar: el monumento más grande que el hombre jamás ha levantado. Vayamos a dar un paseo por la Gran Pirámide de Gizah.

El exterior de la Gran Pirámide

Estatua de Keops (Museo Egipcio de El Cairo).
Estatua de Keops (Museo Egipcio de El Cairo).

Echando un vistazo al exterior lo primero que nos llama la atención son sus abrumadoras medidas: originalmente medía 146 m de altura, lo que equivale a un edificio de más de 40 pisos; mide 230 m de lado, ocho campos de fútbol cabrían en su base; en total más de 2.500.000 bloques de piedra que pesan entre 2 y 60 toneladas cada uno. Su volumen es de aproximadamente 2.600.000 m³, y su peso medio, calculado en base a la densidad, es de 6.500.000 toneladas. Su orientación, desviada 5’ 30” respecto del norte magnético, está perfectamente calculada ya que cada una de sus caras corresponde de manera exacta a un punto cardinal.

Según lo que contaron los sacerdotes egipcios al historiador griego Herodoto, que visitó Egipto hacia el 440 a.C., se tardó 20 años en su construcción y otros 10 en la de su calzada. De ser cierto esto habrían sido necesarios 100.000 obreros trabajando las 24 horas del día durante todos esos años, colocando un bloque de 2,5 a 10 toneladas cada 4 minutos.

De lejos sus caras parecen uniformes, de superficie más o menos rugosa. Parece que estuviera completa. Vista de cerca es una montaña de piedras dispuestas en hileras que forman escalones porque le faltan los bloques de revestimiento, una auténtica escalera hacia el cielo. Unos rudimentarios letreros en árabe e inglés –No Climbling– prohíben la escalada a la pirámide. Sólo quedan unos pocos bloques de revestimiento muy deteriorados, pero fueron 27.000 los que cubrían las cuatro caras de la pirámide transformándola en poco menos que un espejo de lisas y pulidas que estaban. Los árabes llamaban a las pirámides “Las Luces” debido a que este revestimiento actuaba como un espejo que deslumbraba al mirarlo a cientos de kilómetros.

Detalle del expolio sufrido en la Gran Pirámide.
Detalle del expolio sufrido en la Gran Pirámide.

Según Herodoto y otros historiadores antiguos, como el árabe Al-Latif, del siglo XIII, también se encontraba cubierta de jeroglíficos. Ahora lleva 700 años desnuda. Hacia el siglo XIII hubo grandes terremotos que asolaron el país y echaron por tierra la mayoría de los edificios. Los árabes construyeron la nueva capital, El-Cairah, que significa “la victoriosa”, y para hacerlo recurrieron entre otras fuentes a la Gran Pirámide. Los 27.000 bloques de revestimiento fueron desmontados y fragmentados para levantar con ellos palacios, fuentes, esclusas y mezquitas. Con el transcurso de los años, la Gran Pirámide vio desaparecer los 700.000 m² de revestimiento que la cubrían. Con esa depredación perdió parte de su belleza, pero aún conserva toda su grandiosidad.

Debido a que sus caras no son totalmente rectas sino que se curvan ligeramente hacia adentro y a su precisa orientación, el día del equinoccio el sol incide de manera que la sombra parte exactamente en dos la cara norte produciendo un extraño efecto que se conoce como ‘efecto relámpago’.

Lo increíble es que a pesar de su abrumadora masa y sus gigantescas proporciones sus errores de nivelación, orientación, simetría o angulación se miden por milímetros. No es sólo la obra más colosal que levantó el hombre, también es la más perfecta.

La Entrada

A 17 m de altura en su cara norte se observa la entrada original a la siringa. Lo primero que destaca son los cuatro gigantescos bloques de piedra que descansan sobre el dintel de la puerta. Multitud de personas con pretensión de pasar a la posteridad han escrito allí sus nombres, pero la más llamativa de todas las inscripciones es la que hay en el bloque superior derecho. Está realizada en jeroglíficos por el egiptólogo alemán Richard Lepsius a mediados del siglo XIX, y en ella se refiere al rey de Prusia, Federico Guillermo IV, ni más ni menos que como “Rey del Alto y Bajo Egipto”.

En el triángulo formado por los bloques de descarga y el dintel hay cuatro signos grabados: un tetragrama que nada tiene que ver con la escritura jeroglífica egipcia ni con ninguna otra escritura conocida. No se sabe quién grabó esos signos ni cuándo. Posiblemente sean la obra de un bromista, o tal vez estén ahí desde el principio.

El Túnel de Al-Mammun

Entrada y túnel de Al-Mammun en la cara norte.
Entrada y túnel de Al-Mammun en la cara norte.

Un poco más abajo y a la derecha se observa un agujero practicado en los bloques de la pirámide. Se trata de la entrada por la que entramos los turistas, un túnel excavado en la roca en el año 820 d.C. por el califa Al-Mammun en su búsqueda de tesoros. Trabajando sobre rampas, sus ingenieros hicieron hogueras junto a los bloques de piedra para ablandarlos, luego los empapaban de vinagre frío o vino agrio para hacerlos explotar como si fuesen bombas. Una vez dentro de la pirámide, los hombres de Al-Mammun cavaron el túnel con picos, martillos y cinceles. Un túnel que penetra 38 m en dirección norte-sur a través de la piedra, evita los bloques con los que se cegaba la entrada al canal ascendente y llega hasta éste. Se dice que los obreros oyeron bajo ellos el ruido producido por una piedra al desprenderse y excavaron un pozo, encontrando así el canal descendente. Lo cierto es que aunque la tradición afirma que el túnel de Al-Mammun fue practicado al azar, cuesta creer que por casualidad perforasen en la dirección correcta a la altura correcta, que por casualidad evitaran los bloques que taponaban el canal ascendente y que por casualidad hiciesen un pozo que fuese a dar justamente al canal descendente. Lo más probable es que Al-Mammun ya conociese la existencia y disposición de los canales antes de abrir el túnel, y de hecho hay textos que parecen demostrar que la entrada y el canal descendente eran conocidos desde antiguo.

Estrabón escribió en el año 24 a.C. que “a cierto nivel sobre uno de los lados de la pirámide hay una piedra que puede retirarse y deja ver la entrada a una galería o siringa que termina en una tumba”. Según Estrabón, el pasaje era angosto y bajo, de menos de 1,20 m de alto y de ancho. Ese pasaje descendía 114 m hasta una cámara excavada en la roca viva 46 m por debajo de la base de la pirámide. Esa cámara estaba medio llena de agua infestada y sabandijas. Los datos que proporciona Estrabón son tan próximos a la realidad que no cabe duda de que él conocía la auténtica entrada a la pirámide. También hablan de ella Herodoto y Plinio, aunque con menor detalle, pero mencionan la entrada, el túnel descendente y la cámara que hay al final de él. Según cuenta Estrabón, en la entrada había una piedra basculante dentro de las losas de revestimiento que permitía el acceso. Ha llegado la hora de entrar.

El interior de la Gran Pirámide

El Canal Descendente

Canal Descendente.
Canal Descendente.

Si entrásemos por la entrada original nos encontraríamos con el canal descendente de pronunciada pendiente, concretamente 26º 34’. Es un pasillo con dos barandillas, una a cada lado, y en el suelo un entarimado con tablas transversales para facilitar el descenso. El camino ha de hacerse en postura incómoda porque el pasaje mide 1,22 me de altura y poco más de 1 m de ancho. A los 30 m de recorrido ya hemos dejado la pirámide y estamos bajo ella, hundiéndonos cada vez más en el subsuelo. Ese canal descendente tiene en total 105,15 m de longitud y llega a más de 30 m por debajo del nivel de la meseta. Ya abajo del todo, al final del canal descendente se abre un pequeño tramo horizontal aún más angosto –de apenas 90 cm de anchura, 80 cm de altura y 9 m de longitud– que lleva a una cámara subterránea.

La Cámara Subterránea

La cámara subterránea es la parte más profunda de la pirámide, la más recóndita. Está labrada en la roca viva y por su irregularidad y su aspecto primitivo e inacabado ha recibido varios nombres, entre ellos el de Cámara Inacabada o Cámara del Caos.

La opinión de los arqueólogos es que se trata sencillamente de una cámara que quedó sin terminar intencionadamente. Aquéllos que consiguieran dar con la entrada a la pirámide sólo tendrían un acceso: el canal descendente. Al llegar al final y encontrarse con esta cámara subterránea sin terminar, los violadores de tumbas pensarían que ni la momia ni el ajuar funerario llegaron a ser depositados en la pirámide. Según ese criterio, las masas de piedra a medio trabajar no tendrían función práctica alguna. Sin embargo, paredes y techo están perfectamente labrados, respetando los mojones de piedra, obligando a los obreros a trabajar en unas condiciones excepcionalmente duras arrastrándose por espacios de apenas 25 cm para labrar el techo… ¿qué sentido tiene eso? Si lo que se pretendió era dar a la cámara el aspecto de inacabada sin más, ¿por qué no haber reducido la altura de esos bloques sin forma para trabajar en condiciones normales? Si lo hicieron así tendrían sus razones, como las tendrían para abrir un túnel, enfrente del que sirve de entrada, que penetra 14 m en dirección sur para terminar bruscamente. Las mismas razones que les llevaron a abrir el pozo cuadrado de 2 m de lado y que apenas llegaba a 3 m de profundidad, y que como el túnel de la pared sur tampoco conducía a sitio alguno. El coronel Howard Vyse, a mediados del siglo XIX profundizó 9 m más ese pozo buscando una posible cámara pero no encontró nada. Hoy el pozo está lleno de arena y cascotes.

Desde este lugar no podemos hacer más que recorrer el canal descendente en sentido contrario, veremos la entrada original a otro pasadizo, el canal ascendente cegado por grandes bloques de piedra. Debajo del entablado hay tres escalones en la piedra que corresponden con la entrada al canal ascendente. Durante la construcción de los túneles y en las ceremonias previas al sellado de la pirámide debía haber una rampa que facilitaba el acceso al canal ascendente, todavía abierto. Llegado el momento, la rampa fue retirada y la entrada al canal ascendente cegado con tres grandes bloques que se dejaron deslizar desde más arriba. Por aquí no podemos acceder a las partes altas de la pirámide, es preciso salir al exterior y utilizar el túnel de Al-Mammun. Éste perfora la pirámide y siguiendo un trayecto horizontal evita los bloques que obstruyen el canal ascendente y llega directamente hasta éste.

El Canal Ascendente

El recorrido por el canal ascendente es algo más cómodo que el descendente. Mide un poco más de 1 m de ancho y 1,20 m de alto. Es una obra perfecta de ingeniería, sus medidas se mantienen constantes y exactas a lo largo de sus 37,5 m. Las piedras de las paredes, techo y suelo ajustan con precisión y están pulidas. Las del suelo no están a la vista porque se ha dispuesto una rampa de madera con travesaños para facilitar la subida, porque este túnel tiene una importante pendiente, 26º 34’, exactamente la misma que el canal descendente. Al final de ese pasadizo está la Gran Galería.

La Cámara de la Reina

Cámara de la Reina.
Cámara de la Reina.

Estamos a 22 m por encima del nivel de la base de la Gran Pirámide, donde se abre la entrada a otro túnel, esta vez horizontal. Se trata de un pasadizo que avanza en dirección norte-sur. Mide algo más de 1 m de ancho y tiene una altura de 1,18 m. Cuando se han recorrido 28,5 m el suelo presenta un escalón de 52 cm y gracias a él se puede entrar casi erguido en la cámara que hay al final del túnel. Podemos penetrar por este pasillo porque ya no existe una supuesta losa que debía unir el canal ascendente con la Gran Galería. Hay cinco nichos en la pared que dan a entender que esta losa existía, y que el pasadizo y la cámara a la que accede se conservaban en el más absoluto secreto. Se trata de la Cámara de la Reina, llamada así de forma errónea ya que allí nunca se enterró a ninguna reina. Su nombre le fue dado por lo árabes, que al ver el techo construido a dos aguas, como las tumbas de sus mujeres, inmediatamente la bautizaron con ese nombre.

Es una amplia estancia rectangular construida con piedra caliza de Tura. Mide más de 5 m por cada lado y el techo alcanza los 6 m en su parte más alta. Restos de pintura evidencian que esta cámara estuvo originalmente pintada de color azul.

La idea más extendida sobre su función es que se trata del serdab, el lugar en que se conservaba la estatua del faraón. Una estatua con sus facciones a la que se le habría dado vida mediante los ritos isíacos de apertura de los ojos y boca. Esa estatua, ese doble del faraón, probablemente estaba en el nicho en cuyo fondo hay un túnel abierto, pero no corresponde a la obra original. Fue abierto por Howard Vyse y profundiza unos 15 m sin llegar a sitio alguno. Hay un detalle importante en este nicho, la parte de arriba no corresponde con lo que sería el centro lógico de la cámara, sino que está desplazado 60 cm, y eso es con toda seguridad por una razón: para que el nicho, y consecuentemente la estatua del faraón quedasen justamente en el eje de la Gran Pirámide, como así sucede. Por delante del nicho hay una serie de fracturas en la roca que indican que probablemente existió aquí un pequeño altar o una construcción ceremonial, pero todo esto son conjeturas. Los primeros viajeros que entraron en esta cámara dejaron escrito que estaba cubierta de escombros, y que si hubo algún mobiliario original estaba totalmente destrozado e irreconocible.

Los Canales de la Cámara de la Reina

Llama la atención la existencia de dos pequeños agujeros a 1,5 m de altura en mitad de la pared, de 20 cm de lado, uno en la pared norte y otro en la sur, que no fueron descubiertos hasta 1872, por la sencilla razón de que estaban tapados, la piedra continuaba y la pared era perfectamente lisa. No podía adivinarse que detrás de la piedra existían estos dos conductos.

Fue W. Dixon quien descubrió una pequeña grieta en la pared sur de la cámara. Decidió abrirla y comprobó que comunicaba con un conducto similar a los de la Cámara del Rey. La suerte y la intuición de este investigador le hicieron descubrir otro conducto similar en la pared opuesta. Al abrirlo encontró 3 objetos: una bola de piedra de unos 800 gramos, una estaca de madera y un garfio metálico que se encuentran hoy en el British Museum. Decidió introducir una serie de barras largas, que iba uniendo a medida que iba introduciendo por el conducto para estimar la longitud de los mismos, pero no pudo llegar al final y algunas barras quedaron atascadas.

No se trata de canales de ventilación puesto que estaban intencionadamente cerrados. Otra hipótesis es que se trataba de canales psíquicos por los que el alma del faraón entraba a visitar a su doble. En cualquier caso, la realización de estos dos conductos que suben y se extienden a todo lo largo de la pirámide, es una demostración del nivel técnico y constructivo de sus arquitectos, puesto que los planos no pudieron modificarse en ningún momento, ya que los canales se hacían a medida que la construcción avanzaba.

Esa idea de que eran canales de paso para el alma del faraón, el ba, es la idea más generalizada. Sin embargo, quedan muchas preguntas por responder, ¿para qué dos canales?, ¿acaso necesitaba uno para entrar y otro para salir?, y aún más, ¿para qué la existencia de los mismos canales, es que el alma no puede atravesar la piedra? Porque el hecho es que estos agujeros estaban tapados con piedra, por lo tanto el alma no podía entrar ni salir, y si podía atravesar la piedra, entonces ¿qué necesidad había de los canales? Tal vez simplemente señalaban un camino, pero si es así, ¿por qué abiertos al norte y al sur cuando en la vida de ultratumba las direcciones importantes son el este y el oeste? Estos canales siguen siendo un misterio a pesar de que en los círculos arqueológicos se sostenga que fueron canales psíquicos. Un misterio al que se ha venido a añadir otro nuevo que complica aún más las cosas.

Robot Upuaut.
Robot Upuaut.

En 1993, mientras se realizaban unas obras para mejorar la ventilación en el interior de la pirámide, el ingeniero alemán Rudolf Gantenbrink introdujo por los canales un pequeño robot –conocido como Upuaut, que significa “el abridor de caminos”– provisto de una cámara de televisión. El robot ascendió sin problemas durante los primeros 65 m en el canal sur, pero llegado a ese punto tropezó con algo inesperado. Una puerta interrumpía su paso. Una pequeña losa en la que a través de las imágenes que ese mismo robot grabó se distinguían dos pomos de cobre o de bronce de los que se desprendía una estela de oxidación.

En 2002, casi 10 años después de tan fantástico descubrimiento, un nuevo robot –el Pyramid Rover– realizó un pequeño agujero en el centro de la “puerta de Gantenbrink” para ver qué había detrás de ella. Se descubrió que existe una cavidad vacía y al final otra nueva losa, esta vez lisa, sin guarniciones de metal. También en el conducto norte se descubrió otra nueva losa o puerta, muy similar a la encontrada en 1993, también con tiradores y a la misma distancia que su homóloga sur. Habrá que seguir esperando a que nuevas investigaciones desvelen el secreto de las misteriosas puertas en los canales de la Cámara de la Reina.

El Pozo

Saliendo de esta cámara y volviendo al lugar donde se unen el canal ascendente con la Gran Galería, la ausencia de un sillar en el suelo deja al descubierto un estrecho canal que desde hace muchos años está cerrado a los turistas, y que por su trayecto casi vertical es conocido como “el pozo”. En realidad no es un pozo, sino un canal de 70 m de longitud, que salvando un desnivel de 50 m, comunica la Gran Galería con el canal descendente muy cerca de la Cámara Subterránea.

La parte superior del peligroso canal está abierto en la mampostería de la Gran Pirámide hasta llegar a un tramo inmediatamente por debajo de ésta donde se encuentra una pequeña gruta, puede que natural o abierta en la roca por buscadores de tesoros hace muchos siglos. Más abajo ya no hay necesidad de muro alguno porque el pozo se abre paso en la roca firme para terminar en el canal descendente. La época de su construcción y finalidad no están del todo claras.

La Gran Galería

La Gran Galería.
La Gran Galería.

Continuemos el ascenso a través de la Gran Galería. Es algo que de veras impresiona, mide casi 9 m de altura y 47 m de longitud. Sobre ella gravitan millones de toneladas de piedra. Sus muros, implacablemente paralelos en todo su recorrido, se van cerrando con siete saledizos de forma tal, que allá arriba, el techo formado por 40 losas imbricadas como tejas tiene sólo 1 m de ancho, en tanto que el suelo mide 2 m, incluyendo en ellos dos banquetas laterales.

Hay algo en las banquetas que llama la atención: 28 entalladuras rectangulares situadas en cada una de ellas. Posiblemente sirvieron para contener estatuas. Según dijo el historiador egipcio Manetón, Keops era el 28º rey egipcio después de Menes, el primer fundador de la dinastía I. Así pues, es probable que en estas entalladuras quedasen sujetas 28 estatuas: las de los 27 antepasados de Keops y la de él mismo, repetidas, emparejadas una frente a otra, de tal manera que la Gran Galería habría sido una especie de galería de antepasados del rey Keops. Es una hipótesis que es avalada por algunos autores árabes que se refieren a la existencia en tiempos antiguos de estatuas dentro de la Gran Pirámide. En cualquier caso ya no están, han desaparecido, sólo queda la Gran Galería con su desnudez, que la hace aún más impresionante. Una galería que termina en un rellano al que se abre un corto y estrecho pasadizo, el que da acceso a la Antecámara o Cámara de los Rastrillos.

La Antecámara

De todas las estancias de la Gran Pirámide, esta pequeña cámara es la que parece haber desempeñado una función más definida. Las tres correderas talladas en las paredes laterales, las 4 ranuras verticales de la pared sur y algunos otros detalles sugieren que esta cámara quedaba cerrada con tres losas de piedra que se dejaban deslizar desde arriba mediante un sistema de cuerdas. Cuando entraron los primeros profanadores, las losas habían descendido y estaban en su sitio tapando el acceso a la Cámara del Rey, la prueba es el destrozo que tuvieron que hacer en una piedra –que tuvo que ser reconstruida con yeso– para pasar por encima de las losas que obstruían la entrada. Hoy de esas losas que taponaban el conducto no queda ni rastro y el acceso a la Cámara del Rey está abierto.

La Cámara del Rey

La Cámara del Rey es la más célebre de la Gran Pirámide. Mide casi 10,5 m de largo, poco más de 5 m de ancho y casi 6 m de alto. En total más de 50 m² de superficie. Los muros están formados por 5 hileras de piedra y el techo por 9 enormes losas de granito que pesan aproximadamente unas 400 toneladas cada una. Nada hay en ella, salvo un sarcófago de granito en la parte oeste de la cámara, colocado allí seguramente durante la construcción de la pirámide ya que es más ancho que los pasadizos. A finales del siglo XVIII aún estaba la tapa rota y apoyada en la pared, hoy ni siquiera eso queda, sólo el cofre de piedra roto en una de sus esquinas y la desnuda sala.

Sarcófago en la Cámara del Rey de la Gran Pirámide.
Sarcófago en la Cámara del Rey de la Gran Pirámide.

Los Canales de la Cámara del Rey

En dos de las paredes, la norte y la sur, se abren dos canales de ventilación. A diferencia de los que hay en la Cámara de la Reina, éstos sí tienen salida al exterior –el conducto norte en la hilera 101 y el sur en la 102– y hoy están dotados de dos extractores de aire para renovar el ambiente y eliminar la humedad producida por los miles de turistas que la visitan.

Las Cámaras de Descarga

Aún nos queda una estancia más por visitar, se trata de las llamadas Cámaras de Descarga, a las que el turista no tiene acceso, justo encima de la Cámara del Rey. Fue Nathaniel Davison en 1765 quien descubrió accidentalmente que en la parte superior de la Gran Galería, pegado al techo, se abría un boquete cuadrado de 60 cm de lado. Estaba casi cerrado por excrementos de murciélago. Tras despejarlo pudo introducirse por el conducto y entró en una cámara hasta entonces desconocida. Una cámara cuyo suelo está formado por las losas que sirven de techo a la Cámara del Rey, por tanto, sus medidas son las mismas que las de ésta, aunque con una altura de 1,20 m. En honor a su descubridor se la conoce como Cámara de Davison.

En 1837 se descubrieron a base de dinamita otras cuatro cámaras por encima de ésta. El responsable del descubrimiento fue el inglés Howard Vyse, por lo que las cámaras fueron bautizadas muy británicamente: Cámara de Wellington, Cámara del Almirante Nelson, Cámara de Lady Arbuthnot y por último, la Cámara de Campbell con el techo construido a dos aguas.

Todas las enormes losas que forman las cámaras de descarga están planeadas con la estructura general de la pirámide. La misión de estas cinco cámaras era aliviar a la Cámara del Rey del enorme peso que tenía encima y protegerla en caso de terremoto. Una misión que han cumplido perfectamente, porque en la quinta cámara se puede ver cómo las enormes losas que forman el techo se han ido abriendo con el paso del tiempo, probablemente por efecto de algún terremoto.

Hay en la quinta cámara de descarga un elemento clave en la historia de la Gran Pirámide, una inscripción de cantero en tinta roja en la que está recogido el nombre de Keops (Jufu) en un cartucho. La única inscripción original hallada en toda la pirámide.

Hemos llegado ya al punto más alto al que se puede acceder dentro de la Gran Pirámide, aunque esto no significa que no queden todavía nuevas salas y pasajes por descubrir. Son muchos los científicos que, trabajando en el interior de la pirámide con nuevos métodos no intrusivos, han descubierto posibles cavidades y estancias hasta ahora desconocidas. Por ejemplo, y sólo como pequeña muestra, los estudios gravimétricos realizados por Jean Kerysel muestran una sala junto a la Cámara Subterránea y un pasaje bajo el canal ascendente; los arquitectos franceses Guilles Dormion y Jean Patrice Goidin descubrieron la existencia de un pasillo y una cámara idénticos y paralelos a la Cámara de la Reina y al pasillo que accede a ella, situados a la derecha de ésta; científicos de la Universidad de Waseda (Japón) hablan de otras estancias junto a la Cámara del Rey, etc. ¡Quién sabe cuántos y qué más secretos esconde todavía la Gran Pirámide…!

Ha llegado la hora de recorrer el camino inverso y salir de este impresionante monumento. Abandonemos la oscuridad y el vacío de la Gran Pirámide para volver a ver la cegadora luz del sol. Egipto nos espera.

Autor: Désirée Domínguez

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