La piedra Shabaka

Las salas egipcias del British Museum están repletas de tesoros atractivos a la vista. Su grandeza y la cantidad de piezas expuestas hacen que el espectador no sepa bien dónde concentrar su atención. Grandes estatuas de dioses, efigies de faraones, enormes moles de piedra que sirvieron de sarcófagos, preciosas estelas con coloridas figuras en relieve, etc… Todo un lujo para los sentidos. No obstante, quiero hablar de una pieza que no llama la atención por su belleza ni su inmensidad y que muy probablemente pasaría desapercibida en una rápida visita. En la pared norte de la sala 4, en el entrante 8, junto a un fragmento de la Lista Real del templo de Ramsés II en Abydos, se encuentra colgada de la pared una piedra rectangular de basalto negro con muescas.

Se trata de la llamada Piedra de Shabaka, regalo de Earl Spencer al museo y catalogada como EA 498. Aparentemente no merece la pena malgastar rollo fotográfico ni tiempo en esta pieza, que parece una simple piedra rectangular negra de 137×66 cm sin nada a destacar. Una mirada más atenta cambia las cosas… la piedra está toda inscrita con pequeños jeroglíficos. Exactamente 62 columnas en dos líneas horizontales de las cuales se ha perdido la parte central. Esta pieza tan poco atractiva es en cambio una pieza clave de la cosmogonía de los antiguos egipcios. Narra el mito de la Creación según la teología menfita, mostrando al dios local de Menfis, Ptah, como dios creador. A diferencia de otras cosmogonías egipcias, ésta incorpora los mitos creacionales heliopolitanos y hermopolitanos en el texto y los hace obra de Ptah.

Piedra Shabaka (British Museum).
Piedra Shabaka (British Museum).

Este texto, según se nos cuenta en sus primeras líneas, es una copia de un texto original que habría sido escrito en un papiro conservado durante muchos siglos en la biblioteca del templo de Ptah de Menfis. Víctima del tiempo y parcialmente devorado por los gusanos, el papiro se hallaba en tan mal estado que el faraón Shabaka (712-698 a.C. dinastía XXV) ordenó copiarlo en un bloque de basalto para su perduración. Ya en tiempos más actuales la piedra fue usada como base a una rueda de molino, y es por eso que una parte de la inscripción (columnas 24 a 47) se ha perdido para siempre. Después de aludir a ciertos episodios mitológicos relacionados con la leyenda de Osiris, el texto aborda la creación del mundo por Ptah, el demiurgo. En este pasaje los jeroglíficos han desaparecido en su mayor parte, pero se pueden aún reconocer las ocho hipóstasis o nombres de los dioses que vinieron a la existencia como manifestaciones de Ptah.

Según la creencia egipcia la visión de los ojos, el escuchar de las orejas y el oler de la nariz informan al corazón, que de él surge todo el conocimiento, y la lengua anuncia lo que el corazón piensa. Ptah crea por la palabra, que procede del corazón, y crea a todos los dioses. Le basta la palabra, la boca por la que emana su aliento vital, para dar forma a las deidades. Habiendo ordenado el nacimiento de los dioses, Ptah creó para ellos ciudades, santuarios y ofrendas perpetuas. El corazón y la lengua tienen poder sobre todos los otros miembros dado que la lengua describe lo que el corazón concibe. En resumidas cuentas, Ptah es quien creó a los dioses, a los hombres y a todos los seres, gracias al Deseo de su corazón y la Palabra de su lengua. Más adelante se llega a un pasaje típicamente menfita en el que se habla de la invención de los trabajos manuales y las artes, las actividades predilectas de Ptah, el dios de los artesanos. La conclusión del texto nos hace pensar en el relato del Génesis: el demiurgo menfita podía estar satisfecho de la perfección de su obra.

“Ptah dio vida a todos los miembros de la Enéada y al alma (ka) de cada uno de ellos. Cada uno vino a la existencia a través de los pensamientos de su corazón y las palabras de su lengua. Horus y Thoth surgieron de los pensamientos del corazón de Ptah y de las palabras de la lengua de Ptah. Los pensamientos del corazón de Ptah y las palabras de la lengua de Ptah guían todos los pensamientos y todas las palabras de la Enéada, todos los pensamientos y las palabras de los humanos, y toda la vida. Ptah crea la Enéada sólo con dientes y labios. Ptah sólo tuvo que hablar y la Enéada vino a la existencia. Ptah pronunció los nombres de Shu, el viento, y Tefnut, la lluvia, que dieron a luz a Geb, la tierra, y a Nut, el cielo. Al igual que todos los sentidos de la vista, del oído y del gusto informan al corazón, y la lengua dice lo que el corazón desea, así también todos los miembros de la Enéada vinieron a la existencia (…) según los pensamientos del corazón de Ptah y las palabras de la lengua de Ptah (…). Según los pensamientos del corazón de Ptah y las palabras de la lengua de Ptah, los inocentes son liberados y los culpables son castigados, se concede la vida a los puros de corazón y la muerte a los necios. Según los pensamientos del corazón de Ptah y las palabras de la lengua de Ptah, aparecieron todas las artes, fueron creadas todas las profesiones. Ptah es el creador de todo y el gobernante de la Enéada. Ptah dio vida a la Enéada y de Ptah proceden todas las cosas. Ptah gobierna sobre la Enéada. Después de hacer estas cosas, Ptah se sintió satisfecho de su trabajo”

Dibujo del texto jeroglífico de la piedra Shabaka. Nótese que el centro es totalmente ilegible debido al posterior uso de la piedra como rueda de molino.
Dibujo del texto jeroglífico de la piedra Shabaka. Nótese que el centro es totalmente ilegible debido al posterior uso de la piedra como rueda de molino.

La Piedra Shabaka no hace referencia alguna a la antigüedad del manuscrito primitivo y es difícil precisar a qué época corresponde el original del cual esta piedra es una copia. Se pensó en base a determinadas peculiaridades de la lengua que el texto era contemporáneo a la fundación de Menfis, al inicio de la dinastía I. Un estudio posterior del documento concluyó que la época de la redacción debía ser entre la dinastía III y V, cuando Menfis se convirtió en capital de Egipto. Pero un estudio más reciente parece haber demostrado que esta teología fue redactada por el clero menfita de la dinastía XXV en un estilo intencionadamente arcaizante para reforzar la importancia del texto. De todos modos, independientemente del origen del texto, la idea en sí corresponde a épocas muy antiguas, cuando Menfis era la capital de Egipto y su dios local, Ptah, se había convertido en una deidad nacional.

Espero que la próxima vez que paséis por delante de este peculiar objeto no penséis que es sólo una piedra negra con un agujero y muescas colgada de la pared. Tras esas muescas se nos cuenta nada más y nada menos que la Creación del mundo.

Autor: Désirée Domínguez

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